Cómo diseñamos
Diseñamos teniendo en cuenta a las personas que van a utilizar cada espacio.
Antes de tomar decisiones de diseño, buscamos comprender quiénes van a utilizar el espacio, cómo viven, qué necesitan y qué puede facilitar o dificultar su relación con él.
Cuando diseñamos una vivienda, lo primero que hacemos es conocer a las personas que van a habitarla. Analizamos sus necesidades, capacidades, preferencias, rutinas y formas de relacionarse con el entorno para construir un perfil que nos permita diseñar para su realidad.
Cuando diseñamos un espacio colectivo como en un colegio, un establecimiento o un espacio público, identificamos los principales tipos de usuario que utilizarán el espacio y construimos perfiles representativos. Estos perfiles nos ayudan a incorporar diferentes capacidades, necesidades, formas de percibir, comprender y utilizar el entorno, aunando los principios de diseño universal con la precisión propia del diseño centrado en las personas.
Así, cada proyecto parte de personas de referencia que nos ayudan a tomar decisiones de diseño: personas reales cuando es posible y perfiles representativos cuando el proyecto está dirigido a un público amplio y diverso.
El buen diseño se adapta a las personas y no obliga a las personas a adaptarse a él.
Persona, actividad y espacio
No analizamos el espacio de forma aislada. Observamos la relación entre la persona, las actividades que realiza y el entorno en el que se desarrollan.
Nos preguntamos quién utiliza el espacio, qué necesita para desenvolverse, qué actividades realiza y cómo las características del entorno pueden facilitar o dificultar su experiencia.

Una mirada que integra diseño, salud y educación
Nuestra forma de diseñar nace de la combinación de tres disciplinas: interiorismo, fisioterapia y psicopedagogía.
Esta mirada interdisciplinar nos permite comprender el espacio desde diferentes perspectivas: cómo nos movemos, cómo realizamos las actividades, cómo percibimos y comprendemos el entorno y cómo todo ello influye en nuestra experiencia.
Integramos este conocimiento en el proceso de diseño para transformarlo en decisiones concretas que hagan que los espacios sean más funcionales, accesibles y facilitadores para quienes los utilizan.

Cuando el proyecto lo requiere, colaboramos con terapeutas ocupacionales —especialistas en analizar, entrenar y adaptar las actividades de la vida diaria y en la prescripción de productos de apoyo— y con logopedas, que contribuyen a mejorar la comprensión del entorno y la accesibilidad comunicativa.
Las dimensiones que guían nuestro diseño

Accesibilidad
El espacio puede ser utilizado por personas con diferentes capacidades físicas, sensoriales y cognitivas.

Funcionalidad
El espacio facilita las actividades para las que ha sido diseñado.

Ergonomía
El espacio se adapta al cuerpo, al movimiento y a las capacidades de cada persona.

Autonomía
El espacio favorece que cada persona pueda hacer por sí misma aquello que puede y quiere hacer.

Participación
El espacio facilita estar, hacer, elegir y relacionarse.

Confort
El espacio proporciona unas condiciones adecuadas de iluminación, acústica, temperatura y materiales.

Bienestar
El espacio favorece una experiencia física, sensorial y emocional positiva.
¿Sabías qué?
El entorno influye en nuestra experiencia, y la investigación trata de comprender cómo.









